El poema sinfónico El Moldava de Bedřich Smetana abre el concierto con una evocación poderosa del paisaje y la identidad nacional del compositor checo. Integrada dentro del ciclo Má vlast, la partitura sigue el curso del río desde su nacimiento hasta la llegada triunfal a Praga, deteniéndose en episodios de carácter nocturno y danzas campesinas. El Concierto para piano y orquesta n. 1 de Frédéric Chopin exhibe, con una escritura lírica de contrastada elocuencia, la voz más personal del compositor polaco. En su segunda contribución al género del concierto ―pese a la numeración que se ha popularizado― el piano del joven David Khrikuli canta, suspira y se expande, mientras la orquesta acompaña con elegancia y delinea escenarios majestuosos que propician su vuelo. La segunda parte del concierto presenta la Sinfonía n. 3 de Serguéi Rajmáninov. Manifiestamente posromántica, compuesta durante el exilio norteamericano, revela un lenguaje marcado por la nostalgia: la sombra del pasado convivirá, sin embargo, con la construcción de un presente luminoso, en la dirección de Cristian Măcelaru.