El diálogo íntimo entre violonchelo y piano se convierte en territorio de confidencias, canto y profundidad expresiva en este programa que conecta dos miradas del Romanticismo. Guillem Gràcia y Shinyoung Lee —complicidad, escucha y respiración compartida— exploran tres obras unidas por una misma esencia: la voluntad de convertir el lirismo en arquitectura. La Sonata D.821 “Arpeggione”, compuesta en 1824 para un instrumento hoy casi desaparecido, despliega una escritura cantábile sostenida por sutiles modulaciones y un delicado equilibrio entre línea melódica y trama armónica; el piano no acompaña, sino que construye, con el violonchelo un verdadero tejido polifónico. Ya en su madurez, la Sonata op. 65 de Chopin —una de sus últimas obras, dos años antes de morir— comparte esta intensidad cantábile y añade una escritura pianística de altísima exigencia, con pasajes amplios, contrapunto interior y una arquitectura cíclica que reclama virtuosismo, equilibrio y un relato compartido.