“Lo sagrado comienza cuando el ritual tambalea y revela el abismo” Georges Bataille Ver video La película homónima de Luis Buñuel se convierte en un origen casi mítico para El ángel exterminador , la ópera de Thomas Adès, genial compositor que también dirigirá musicalmente las funciones al Liceu. Adès transforma aquel universo inquietante en una arquitectura sonora fascinante: una música cargada de efectos, texturas insólitas y tensiones sutiles que abre las puertas de un ritual que se descompone lentamente. La celebrada producción de Calixto Bieito para la Opéra national de Paris sitúa al público en un espacio burgués y aparentemente civilizado: un salón aristocrático que, tras una cena refinada, revela la fragilidad de sus rituales. Allí donde debería haber significado solo hay repetición; allí donde debería haber libertad, se acumula una inercia asfixiante. Es en este desfase en el que se insinúa el ángel exterminador: una fuerza invisible que fractura el orden y expone el carácter sacrílego de una sociedad que ha olvidado el verdadero sentido de lo sagrado. Los invitados, incapaces de abandonar la estancia, asisten a la disolución del lenguaje, de las jerarquías y de los vínculos. La elegancia se vuelve animalidad; el salón, un altar corrompido en el que el deseo y el miedo desplazan toda etiqueta. La música de Adès, llena de gestos sonoros sorprendentes, amplifica el drama hasta el límite: un ritual malogrado, una liturgia perturbada por la autosuficiencia humana.